Muchas veces pensamos que hablar entre personas que se quieren no debería ser tan complicado… pero lo es. Mejorar la comunicación familiar es un reto común, porque a veces decimos una cosa y se entiende otra. O no decimos nada, y eso también duele. Silencios que pesan, frases que hieren sin querer, o palabras bienintencionadas que terminan en discusiones. ¿Te ha pasado?
La verdad es que muchas familias viven estas tensiones a diario. No por falta de amor, sino porque la forma en que nos comunicamos está llena de matices, aprendizajes pasados y emociones que no siempre sabemos cómo expresar. Comprender cómo funciona la comunicación (y cómo a veces se enreda sin que lo notemos) es un primer paso para empezar a sanar esos lazos y mejorar la comunicación familiar de manera consciente.
Uno de los enfoques más valiosos para entender esto viene de Paul Watzlawick y su Teoría sobre la Comunicación Humana, que combinada con la mirada de la terapia familiar sistémica, nos da herramientas claras para empezar a cambiar nuestra forma de comunicar sin culpas y desde la comprensión.
No se puede no comunicar
Este es uno de los principios más potentes de Watzlawick. No podemos “no comunicar”. Incluso si no decimos nada, si evitamos una mirada, si salimos de una habitación… ya estamos diciendo algo. Y ese “algo” lo interpreta el otro.
Imagina que tu hijo adolescente llega a casa y tú, en lugar de hablarle, solo lo miras con desaprobación. O tu pareja guarda silencio durante la cena. Aunque nadie haya dicho una palabra, el mensaje viaja igual, y suele ser más fuerte de lo que creemos (Watzlawick, Beavin & Jackson, 1993).
No solo importa lo que dices, sino cómo lo dices
Otra idea central: toda comunicación lleva dos mensajes. Uno es el contenido (lo que dices) y el otro es la relación (cómo lo dices y desde qué lugar).
Por ejemplo, no es lo mismo decir “haz tu tarea” con un tono amoroso y paciente, que decirlo con enfado o sarcasmo. El mensaje puede ser el mismo en palabras, pero no en intención. Y es que muchas veces, los problemas no vienen tanto por lo que se dice, sino por cómo lo decimos… o cómo el otro lo siente.
El lenguaje no verbal también habla (y a veces más fuerte)
Nuestro cuerpo, el tono de voz, las pausas, los gestos… todo eso forma parte del mensaje. Si le dices a tu hija “me alegro por ti” mientras revisas el móvil y apenas la miras, probablemente reciba otra cosa: desinterés, distancia, frialdad.
Y no es que queramos herir, pero cuando lo verbal y lo no verbal no coinciden, aparece la confusión. Y con ella, la desconfianza.
Si quieres mejorar la comunicación familiar, cuidar el lenguaje no verbal es tan importante como elegir las palabras correctas.
Cada quien ve la conversación desde su punto de vista
Uno de los conceptos más importantes de esta teoría es el de “puntuación”: cada persona interpreta una situación desde su propio lugar. Es decir, no todos vemos los hechos de la misma manera.
Una madre puede pensar “mi hija no me escucha y por eso le grito”. Y su hija, en cambio, siente que “mi mamá siempre me grita, por eso no le hablo”. Ambas están reaccionando a lo que la otra hace… pero ninguna alcanza a ver el ciclo completo.
Reconocer esto cambia las reglas del juego. Nos ayuda a dejar de buscar culpables y empezar a preguntarnos: ¿cómo contribuimos todos a esta dinámica? Esa pregunta es clave si queremos mejorar la comunicación familiar y salir de los mismos patrones de conflicto.
Relación simétrica o complementaria: ¿cómo nos posicionamos?
Las conversaciones pueden darse desde lugares de igualdad o de diferencia. En familia, eso se traduce en roles. Padres que guían, hijos que obedecen (o se rebelan), hermanos que compiten o que se protegen.
El problema no es que existan roles distintos (eso es natural), sino que a veces esos papeles se vuelven rígidos. Si una madre siempre tiene que tener la última palabra, o si un hijo nunca se siente escuchado, la comunicación se desgasta. Y con el tiempo, el vínculo también.
¿Por qué cuesta tanto comunicarse bien en familia?
No es solo porque alguien se expresa mal o no escucha. La dificultad suele estar en la historia que arrastramos, en los patrones que se repiten casi sin darnos cuenta.
Como explica Rodríguez (2016), la comunicación familiar no es solo intercambio de palabras. Es una red de significados, emociones y roles que se construyen en el tiempo. Por eso, lo que en una pareja se dice en un minuto, puede tener detrás años de heridas, acuerdos tácitos o silencios prolongados.
Y es que no todo lo que se calla está resuelto. Muchas veces, el conflicto surge cuando lo que no se dijo empieza a pesar más que lo que se dijo.
Agudelo, Cifuentes y Hernández (2020) también lo señalan: la comunicación es el eje central de las relaciones familiares. No es un simple canal, es el tejido emocional y simbólico sobre el que se construye la convivencia.
Estrategias prácticas para mejorar la comunicación familiar
A veces, mejorar la comunicación no es hablar más, sino hablar mejor. Con más conciencia, con más cuidado, con más humanidad.
Algunas claves que pueden ayudarte:
🌿 Escuchar de verdad: no solo para responder, sino para entender. Pregunta: “¿qué estás sintiendo tú con esto?”.
🌿 Hablar desde ti, no desde la acusación: en vez de “tú nunca ayudas”, intenta “me siento cansada cuando tengo que hacerlo todo sola”.
🌿 Observar tu tono: el contenido puede ser correcto, pero si el tono suena agresivo, el mensaje no llega bien.
🌿 Aceptar que cada quien ve las cosas desde su lugar: eso no significa que uno tenga razón y otro no. Solo que hay dos versiones, y ambas importan.
🌿 Darte permiso para cambiar los patrones: aunque en tu familia siempre se haya gritado, tú puedes empezar a hablar distinto.
Todas estas prácticas son pasos sencillos pero poderosos para mejorar la comunicación familiar y construir un ambiente de confianza y respeto. Si quieres profundizar en cómo manejar los problemas de convivencia en casa, te recomiendo este artículo sobre cómo mejorar las relaciones en el hogar.
¿Y si no podemos solos?
Hay veces que, aunque pongamos voluntad, la comunicación sigue trabada. Es como si todo intento de hablar se desviara hacia el mismo lugar: el enfado, el reproche, el cierre. Cuando eso ocurre, pedir ayuda no es un fracaso. Es un acto de cuidado.
La terapia familiar sistémica ofrece un espacio seguro para mirar lo que pasa, sin juicios ni etiquetas. Como señala Rodríguez (2016), en este tipo de terapia se trabaja con la dinámica entre los miembros, no con “el problema” de uno solo. Se busca entender cómo se relacionan, qué roles se repiten, qué emociones no están siendo nombradas… y desde ahí, construir nuevas formas de comunicarse.
No se trata de que todos hablen perfecto ni de resolver todo en una sesión. Se trata de volver a escucharse. De verdad. Y eso ya es muchísimo.
Si vives en la zona de Madrid Sur y buscas un acompañamiento profesional, aquí puedes conocer más sobre nuestra terapia familiar en Getafe.
En resumen
🤍 Siempre estamos comunicando, incluso cuando callamos.
🤍 No solo importa lo que decimos, sino cómo lo decimos.
🤍 Nuestro cuerpo, tono y silencios también envían mensajes.
🤍 Todos vemos las cosas desde nuestro lugar, y eso influye en cómo interpretamos.
🤍 Cambiar la forma de hablar es también transformar la forma de relacionarnos.
🤍 La comunicación en familia no tiene que ser perfecta. Solo tiene que ser sincera, respetuosa y abierta a mejorar. Porque al final, cuando logramos decir lo que sentimos y escuchar lo que el otro quiere decir… algo se afloja, algo se repara.
Y desde ahí, poco a poco, se reconstruye el vínculo. Ese es el verdadero camino para mejorar la comunicación familiar.
Bibliografía
- Agudelo, L. L., Cifuentes, M. J., & Hernández, D. (2020). La comunicación: un imperativo relacional en el sistema familiar. Poiésis, (38).
- Rodríguez, A. (2016). La comunicación familiar. Una lectura desde la terapia familiar sistémica. Latinoamericana de Estudios de Familia, 8, 26–43.
- Watzlawick, P., Beavin, J. H., & Jackson, D. D. (1993). Teoría de la comunicación humana. Herder.
Autora:
Rebeca Gómez Rodríguez
Psicóloga y estudiante de Máster de Psicología General Sanitaria en Universidad Internacional de Valencia (VIU)
Alumna de prácticas en Enlaza Psicología



